Messi y Cristiano Ronaldo: Mourinho y sus flatulencias de ginebra

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Leo Messi y Cristiano Ronaldo: Gracias a la campaña orquestada por el clan Mou-Mendes-Caverna, continúa el debate e intentaremos contarte cómo se sabe quién es el mejor sin necesidad de datos.
Por Ivar Matusevich - Twitter
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Para saber quiénes son los equipos más grandes de un país, los históricos, lo más populares, no hace falta ninguna tabla de clasificación secular, ni pomposos artículos. Solo debemos recorrer la geografía y contemplar los futbolines de cada región. En España, desde Bilbao a Cádiz, la mayoría de metegoles –así le laman en Argentina- tiene al Barcelona, Atlético de Madrid y Real Madrid como protagonistas. Quedan claro pues, los grandes de la Liga –con la moneda no se juega-.

Con respecto al Balón de Oro o el mejor jugador del mundo en una temporada, las dudas son manipuladas y lanzadas con alevosía al campo del conflicto verbal. Tan ridícula es la discusión que, desesperados, José Mourinho y la caverna mediática, con la televisión oficial a cuestas-“Cristiano es, de lejos, el mejor jugador del mundo”, eructaron-, decidieron poner en funcionamiento la maquinaria del cuento y la ginebra, porque parecen estar en pedo, cuando, piensan, argumentan algo.

Eyacula Mourinho sin meditar: hay que premiar al jugador que ganó títulos importantes, no puede ser que Messi tenga tres Balones de Oro y Cristiano uno. Sospechoso el razonamiento del portavoz del clan -el que manda es Mendes- porque en la ecuación planteada hay otro jugador mucho más ganador que su activo monetario de vanguardia. Es Íker Casillas -que vota a Ramos en primer lugar-, capitán de los equipos campeones de liga y Eurocopa. Pero no, a Íker le busca reemplazante y lo olvida deliberadamente. Interesa Cristiano y el mayor caché, quién sabe si para irse al City, al PSG o a Rusia. Y al pasar os cuento que Leo ganó más, hizo más goles y más asistencias que los dos juntos.

No obstante la estupidez y sin usar los muy buenos argumentos de mi amigo Fernando Gutierrez para aportar claridad sobre la cuestión, hay una forma más sencilla de repetir la perogrullada blanca y responder a la pregunta: ¿cómo se elige al mejor jugador?
Pues bien, cuando yo era pequeño y en el parque no había entrenador ni táctica, dos chicos al azar se retaban al duelo del pasito o del saltito: quien pisaba primero al otro tenía la innegable ventaja del primer elector. Y ahí no había dudas: siempre se optaba por el mejor, el que resolvía, el que no necesitaba a nadie para ganar, el que le importaba un bledo si te daban un penal en contra o si su arquero se comía dos goles o si un defensa se la clavaba en contra. Era inmortal e irrepetible, el mejor sin discusión, el que juega, regatea, marca y pone huevos.

No hacen falta campañas -ya lo dijo Tito-, los pares del mejor lo saben y los entrenadores también. Diga y mienta quien lo diga y mienta, nadie en su sano juicio o sin intereses oscuros puede no responder Leo Messi es el mejor. ¿O alguien me dirá que si ganase en los pasitos elegiría a otro en su lugar? El primero sería Leo sin la menor duda porque es tan impresionante que su lucha está en la historia y no en la mundanal contemporaneidad.

Así pues, desde lo popular, a partir de la sabiduría del barrio y recordando viejas fórmulas electorales, podemos responder quién es el mejor de todos. La siguiente y más jodida pregunta no es ¿Leo o X7? ¿Es Messi o Pele, Di Stéfano, Maradona? La dimensión es otra, a pesar de Mourinho y sus flatulencias de ginebra.

Desde que el madridista llegó a España, Leo Messi ha marcado 208 goles y 83 asistencias.
Cristiano se queda en la nada despreciable, pero inferior cifra de 176 tantos y 38 asistencias.