El FC Barcelona logró golear con una 'manita' al Real Madrid en un partido en el que los jugadores azulgranas estuvieron muy por encima de los madridistas. El primer tiempo fue un baño de fútbol del conjunto catalán y el gol de los blancos en la reanudación fue un espejismo. Al final, recital culé en el Camp Nou.

Ernesto Valverde fue uno de los grandes responsables del gran partido del FC Barcelona en el clásico. En primer lugar, por el planteamiento. Se repitió la misma fórmula que había desencadenado en éxito en el partido de Champions League ante el Inter de Milán y la ausencia de Leo Messi al final no acabó resultando decisiva.

En segundo lugar, porque esta vez el Txingurri sí tuvo una reacción hábil, rápida y eficiente con los cambios. Pese a que en el primer tiempo el FC Barcelona había dominado claramente, en el segundo el Real Madrid cambió el esquema, se vino arriba, marcó un gol y rondó el empate en varias ocasiones.

En ese momento, Valverde reaccionó con cambios tácticos para romper el dominio de los blancos, que habían salido decididos a llevarse el clásico. En primer lugar, retiró a Rafinha, dio entrada a Nelson Semedo en el lateral derecho y adelantó la posición de Sergi Roberto. En segundo, dio entrada a Ousmane Dembélé en sustitución de Philippe Coutinho.

Los cambios de Valverde, decisivos

La apuesta del técnico extremeño en sus cambios no pudo salir mejor. Sergi roberto dio dos asistencias de gol a Luis Suárez jugando como dentrocampista por la banda derecha y Ousmane Dembélé inició la jugada de uno de ellos y asistió a Arturo Vidal -otro cambio de Valverde- para el quinto.

En esta ocasión, Ernesto Valverde sí tuvo una incidencia clara en el partido, ya que cambió la dinámica del juego cuando el Real Madrid más presionaba. El Txingurri aprendió de errores del pasado como los vistos en Roma la pasada temporada o en Mestalla, ante el Valencia, en la presente. Partidos en los que el equipo bajó el ritmo y el técnico no hizo cambios, con consecuencias en el marcador final. Un diez para él en el Clásico.