Para triunfar en el fútbol hacen falta altas dosis de talento, pero en la élite sólo hay sitio para aquellos que le añaden compromiso y esfuerzo. Los problemas de mentalidad están afectando a la adaptación de Ousmane Dembélé al FC Barcelona, pero poco a poco, el francés pelea por dejarlos atrás. Va a ser complicado porque estos aspectos forman parte de su propia personalidad, pero está en su mano alcanzar el nivel de estrella que todos esperan que consiga en el Camp Nou.

Después de varios partidos con una importante reducción de minutos -salvo el estreno en la Copa del Rey-, el francés recuperó la titularidad contra el Inter de Milán, y ofreció una buena, pero intermitente, versión de sus mayores virtudes. El de Vernon vive condicionado por la millonada que costó y por las limitaciones que presenta a sus 21 años, pero al menos el interés es lo mínimo que le exigen en el club, tanto aficionados, como técnicos, como compañeros.

En el Giuseppe Meazza empezó con mucha fuerza. Atreviéndose en el disparo, dando asistencias, encarando y regateando. Asumió galones en ausencia de Leo Messi y eso es un buen argumento, porque no le pesa tomar responsabilidades y ser referencia en tareas ofensivas. El inconveniente, el de siempre, y es que con el paso de los minutos se fue desinflando.

El desgaste le pesó en todos los sentidos, y perdió intensidad y acierto que afectaron a su precisión en ataque y a su atención en defensa. El paso por vestuarios no colaboró y empezó apagado el segundo tiempo, hasta que de nuevo otro chispazo le hizo conectar y encadenó otra fase de ilusión. Su revolución pudo tener premio en una acción en la que combinó un gran recorte y un disparo potente, pero Samir Handanovic desactivó el peligro y Luis Suárez no pudo aprovechar el rechace.

Dembélé y Malcom no juegan uno contra el otro

Finalmente, Dembélé fue sustituido en el minuto 81 y dejó paso a Malcom, que fue el gran triunfador del encuentro. El brasileño debutó de forma soñada en Champions, y en una contra logró una jugada individual que acabó con el gol del Barça. Poco después, Mauro Icardi certificó el empate definitivo, pero el de Sao Paulo se llevó una alegría y las felicitaciones de todos sus compañeros.

Pese a que es cierto que ambos luchan por un puesto en el once, no es justa la valoración que apunta que cuando uno sube, el otro baja. El objetivo final es que los azulgrana sigan ganando, y los éxitos de uno no empañarán una buena actuación del otro. Pese a las dificultades que están encontrando en el camino, su meta es triunfar en la Ciudad Condal, y muchos ya sueñan incluso con verles compartir titularidad.