La vida de Malcom Filipe Silva de Oliveira ha dado un vuelco en los últimos días, en los que ha vivido un traspaso frustrado a la Roma, un flamante fichaje por el FC Barcelona y un viaje de miles de kilómetros para incorporarse a su nuevo equipo. El de Sao Paulo tuvo bastante ajetreo en sus primeras horas como azulgrana, pero hubo algunos momentos por los que merecieron la pena los nervios.

Uno de ellos fue su presentación, tan ilusionante como atípica al organizarse a más de 9.000 kilómetros del Camp Nou. Con varios de los pesos pesados de la directiva en Estados Unidos para la gira de pretemporada, lo más lógico era trasladar al jugador, y también se movieron los actos oficiales a la sede de Nike en Portland.

Allí llegó el brasileño bien escoltado por Éric Abidal, a fin de cuentas pieza clave para que hoy forme parte de la familia culé. Todo eran saludos y sonrisas por los pasillos para el ex del Girondins de Burdeos, que encontró en este ambiente tan cálido la mejor respuesta para estar relajado en los eventos protocolarios después de cada incorporación.

El recién llegado se permitió incluso el lujo de firmar alguna camiseta, instantes antes de ponerse frente a los micrófonos para estrenarse en rueda de prensaDefinió el tipo de futbolista que es y sus objetivos, compartió su emoción con todos los presentes y afirmó que tiene ganas de hacer cosas grandes, un ingrediente indispensable para triunfar en el Barça. Después de la prueba de fuego, se fue a por lo que más le interesa, el balón.

Malcom, confiado en sus primeros toques sobre el césped

Para completar las anécdotas del día de la presentación de Malcom, su primer entrenamiento se quedó sin imágenes oficiales, puesto que coincidió con un test de calidad de las equipaciones de Nike. La marca americana todavía tiene pendientes algunos ajustes en la indumentaria que lucirán el próximo curso los catalanes, por lo que la presencia de los medios fue vetada.

Cuando sí pudo lucirse el paulista fue cuando le dejaron hacer sus primeros toques vestido con la elástica azulgrana, apartando los nervios de otras jóvenes promesas. Sus malabares dieron muestras de su calidad y de su temple, alejando episodios incómodos como los que recientemente vivieron Ousmane Dembélé, Álvaro Odriozola o Vinícius.