Joan Laporta es hasta ahora esclavo de su campaña presidencial, en la que colgó una pancarta en Madrid, se enfocó de manera evidente con la renovación de Messi y prometió recuperar la identidad del club. De momento, al margen de lo que la economía tiene, el presidente culé no ha podido dar con ninguna de sus ideas.

Messi

El argentino llegó a Barcelona para renovar y firmar su retirada al menos del fútbol de élite con el club de su vida, dejando abierta la posibilidad de alguna aventura exótica o menos exigente como hicieron en su momento Xavi o Iniesta. Cuando llegó el día, todos lloraron por la partida del astro, incluido el propio Messi en medio de mucha confusión.

Pancarta

“Ganas de volver a verlos” y finalmente, la celebración se quedó ahí muy cerca del Real Madrid. Los merengues se llevaron el clásico con un apretado 2-1 en el marcador, pero con una sensación final de superioridad sin haberse esforzado mucho ya que el partido solo les pidió ser correctos y ordenados.

Identidad

Desde la exigencia a Koeman por jugar con 4-3-3 hasta hablar en público de la filosofía Cruyff, Laporta se ha llevado más golpes que caricias con lo que el equipo va dejando en el camino cada vez que tiene un duelo crucial, da igual hablar del Benfica, Real Madrid o Rayo Vallecano, dejando en pendiente la vuelta ante el Dinamo en Champions.

La situación del club es sumamente complicada y ya bajaron a uno de los tripulantes del barco, tal vez el que podría ser capitán del navío pero también el más débil entre los eslabones, porque cuando un equipo entero no funciona es mejor reconducir todo con otro técnico y esperar al verano para dar vueltas a la plantilla.

Koeman fuera, muchos señalados y todavía no llega diciembre, por lo que en invierno es posible ver a los culés moviendo ficha para al menos dar salida a jugadores como Umtiti y Coutinho, que poco o nada aportan, sin olvidar a Lenglet, que está totalmente fuera de dinámica en el club y en el mercado solo se mueve a la baja.