En los últimos lustros, el 4-3-3 se ha convertido en el Santo Grial del barcelonismo para desempeñar ese juego de toque y posesión. Un esquema que en los últimos tiempos está dejando de funcionar y que, con Ernesto Valverde al mando, se ha convertido en previsible para los rivales en ataque y en una hemorragia defensiva que ocasiona gran cantidad de ocasiones en contra.

Llama la atención que el Txingurri haya caído en esa trampa, y más si recordamos su primera temporada en el FC Barcelona que fue, sin duda, la mejor. Cuando el técnico culé llegó al Camp Nou -ya con esa idea 'por defecto' de emplear el 4-3-3- perdió a Neymar tras el 'clausulazo' del PSG y también a su relevo, Ousmane Dembélé, por una lesión de larga duración.

Las circunstancias dieron a Valverde la excusa perfecta para modificar el dichoso 4-3-3 y emplear el 4-4-2, el esquema de confianza del Txingurri a lo largo de su trayectoria. Y el Barça funcionó. Los culés ganaron la Liga y la Copa del Rey con un juego que no era tan brillante como el de épocas pasadas, pero sí era serio y efectivo, dando la sensación de poder derribar a cualquier rival.

Sí, Valverde se cargó el 4-3-3 y para poblar más el centro del campo empleando recursos como Paulinho, que generaba caos en las defensas rivales con llegadas por sorpresa desde la segunda línea. Todo ello se tradujo en un equipo muy sólido, al que costaba mucho marcar un gol pero que, en cambio, amenazaba constantemente con la dupla Leo Messi-Luis Suárez. Solamente la noche negra de Roma empañó una gran temporada.

Con la recuperación de Dembélé y la llegada de Philippe Coutinho, Valverde pareció ceder a la presión de volver al 4-3-3 y fue ahí donde todo se quebró. El Barça perdió el sello de solidez del Txingurri pero no logró recuperar el juego alegre de épocas pasadas. Desde entonces, todo ha ido a peor y el pasado miércoles, por primera vez en mucho tiempo, el Real Madrid pasó por encima del Barça.

Vuelta a los orígenes

A Valverde le toca buscar soluciones y tal vez pasen por recuperar ese sistema que tan bien lo funcionó, aunque ello suponga renunciar al 'tridente' ofensivo. Especialmente en partidos grandes, porque incluso un equipo como el Atlético de Madrid consiguió encerrar a los culés pese a que ese encuentro se acabó ganando. Toca invertir la dinámica.