Es oficial, Ousmane Dembélé ha pasado más tiempo en la enfermaría del FC Barcelona que defendiendo la camiseta azulgrana en el campo. El delantero cuenta con contrato en vigor hasta el 30 de junio de 2022. Ahora, parece desarrollarse una partida de ajedrez. Con negras, su agente: alargar la negociación y ser libre en enero. Con blancas, el club: renovarle hasta 2024, venta o grada.

Con el tiempo corriendo en una agónica cuenta regresiva, el club azulgrana está en ‘jaque’ debido a que no se puede permitir no ingresar nada por un jugador por el que pagó 105 millones de euros. La dirección deportiva tiene ahora solo un objetivo: renovarlo.

La lesión del joven francés le permitió congelar las presiones ejercidas por el club catalán en renovar, pues sucedió durante su partición en la Eurocopa con Francia. El extenso tiempo previsto que le resta de baja, preocupa cada vez más a la directiva de la institución, por lo que ahora solo apunta a terminar lo que ya habían empezado en el verano, lograr la firma de la extensión de su contrato.

Pese a los rumores surgidos en torno a su posible venta o cesión, Dembélé se encargó de rechazar cada oferta de renovación presentada por la directiva del Barcelona. Sin embargo, la continuidad del francés había sido defendida por Ronald Koeman y respaldada por el club… pero fue cuando el delantero sufrió nuevamente una lesión.

¿Venta o continuidad?

Ahora, con un panorama muy distinto al presentado durante la Eurocopa, la posibilidad de continuidad del futbolista está en entredicho mientras que su venta, especialmente, por la reiteración de sus lesiones, se perfila como la opción más real y factible para el club azulgrana que sobre todo querrá sacar tajada de un jugador por el que desembolsó una gran cantidad de dinero.